Así, la mitad de los bienes que Estados Unidos compra al gigante asiático estarán gravados. Los efectos incluyen sobre todo el tejido industrial, desde el sector manufacturero hasta las empresas textiles, el comercio minorista y también la agricultura.
Por su parte China, el tercer mercado para las exportaciones norteamericanas, se ha comprometido a tomar represalias.
Si China responde, el 80 % de las ventas estadounidenses al país serían afectadas por tarifas. Hasta el momento, Washington y Pekín, ambos, se han impuesto uno a otro aranceles sobre productos por un valor de 50 mil millones de dólares. Esta situación pone en peligro la próxima ronda de negociaciones entre Washington y Pekín, prevista para finales de este mes de septiembre.






